
A dos dias de la cena de Nochebuena. estuve dos veces a punto de quedarme en casa, y mira que me lo había planteado como un tramite, pero estas fechas siguen haciendo cosquillas en el estómago, me incomodan , me ponen triste y además engordo.
El día anterior a Nochebuena yo no estaba en mi mejor momento, la verdad es que desde hace una temporadita ya apestosamente larga, estoy plof un día si y otro más o menos, aburro a todos e incluso a mi.
Bien, como afortunadamente me conozco, y sé que en esos momentos en los que Lilly abandona mi cuerpo para cederselo a la niña del exorcista, es mejor una discreta retirada, o al menos, tomarme las cosas con calma, evitar tensiones para no vomitar verde y girar la cabeza 180 grados mientras camino por las paredes.
En casa ya se lo saben, son buenas chicas y actuan con prudencia, excepto mi mum, que es la mum que me parió, y parece que elige la ocasión para tocarme los cojones que no tengo en esos digamos controvertidos momentos.
Pues bien, como había pedido una tarde de "por favor", sin sobredosis de Navidad a ser posible, se puso a chincharme con la compra del turrón. Enfrente de casa hay un supermercado, pues no, ella quería ir a Mercadona, que esta a tomar por saco, porque claro, Mercadona es de Valencia, y Valencia está cerca de Alicante, así que el turrón de Mercadona tiene que ser mucho mejor que el del Ahorramás, porque la sede social esta más cerca de Alicante. Y si tienes narices le explicas que Santo Tomas se habría puesto cianótico con semejante silogismo.
Bueeeeno, cojo el coche y la llevo a Mercadona, ya a punto de saltar por la mínima, me recrimina mi actitud tan poco Navideña.
_ Mamá. ya sabes que no me gusta la Navidad y además tengo un mal día. (Bueno esto suena educado, en realidad fue algo así como: joder mamá no me toques más las narices con la puta Navidad).
En ese momento ya habiamos entrado en el aparcamiento de Mercadona, y saliamos del coche. Mi madre cerro la puerta de un golpazo y me soltó:
_ Parece mentira, por un hombre!
Esa fue la banderilla definitiva. Mi madre no es de las que empatice, ni comprenda que tener un mal momento en el que sin ninguna razón que lo justifique echas de menos a un mamarracho, no quiere decir ni mucho menos que tengas un arrechucho de furor uterino. Así que exploté, grite mucho más que ella diciendo:
_ Pues claro mamáaaaaaaaaaaa, si ya te he dicho que soy una ninfomana!!!!!!!!!!!!!
Teniais que haber visto la cara de espanto de la gente con sus carritos, hasta el negro que vende la farola en la puerta se puso pálido. Mi madre que es una señora, no como su hija, no sabía donde meterse (aunque seguia teniendo claro que el turrón había que comprarlo alli, que las señoras también son cabezotas), y dando tirones de mi manga me arrastro hasta las escaleras del Super mientras yo seguia dando voces: Ninfómana, eso es lo que soy, una ninfómana.
Que mal rato pasó la pobre!. Lo bueno de ser católica es que te puedes confesar y empezar de cero, si me diera por confesarme, en serio que esta maldad encabezaría la lista de mis pecados.
Pues si, me porté fatal, como una adolescente descerebrada, pero ver las caras de la gente y el apuro de mi madre, me alegró la tarde.
Ah, y el de Farola no nos pidió ni un duro.





















